Los tubitos que llevan la presión de frenada desde la bomba (en la maneta) hasta la pinza (en el disco) suelen ser de goma: cuando son viejos, o cuando el líquido se calienta después de varias frenadas fuertes (típico en circuito), la goma se dilata bajo presión y el tacto en la maneta es peor, llegando incluso a quedarse sin frenos. Para mejorar el tacto y la resistencia se montan estos latiguillos «inextensibles» que no sufren ese efecto y son «para toda la vida».
No es una buena idea: las luces, intermitentes incluidos, sirven para que nos vean, algo más importante cuanto más pequeña y menos rápida sea nuestra moto. Eliminar luces, intermitentes u olvidarse de cambiar una bombilla fundida nos puede costar un buen susto, o algo peor, si nos cruzamos con el típico conductor que «no nos ve».
Suelen funcionar a base de quitar, justamente, el generador: sin este elemento el motor tiene menos trabajo «extra» y puede dedicar toda su potencia a la rueda trasera. Estos encendidos funcionan con un rotor propio y/o con batería «a carga perdida»: la moto funciona mientras la batería dura… menos de una hora, que es lo que dura una carrera.
Pues le quitarás un poco de peso a tu moto, pero nada más: no lo hagas, porque el sistema eléctrico «supone» que hay una batería conectada, que muchas veces hace de «regulador», y podrías estropear algo rodando sin ella (luces o el encendido). Quitarla no hace que el motor corra nada más, porque el alternador sigue generando corriente.
Los más modernos faros utilizados en coches de gama alta no utilizan lámparas incandescentes sino «de descarga»: una gran chispa que produce mucha más luz casi sin calor, sin entrar en más detalles técnicos, y emite una luz muy blanca, con tono azulado. Para imitar esos faros, se venden bombillas «tintadas» que funcionan igual que todas, pero emiten una luz azulada… Sí, si encuentras una compatible con tu casquillo, puedes montarla, aunque, puestos a elegir, preferimos bombillas con otros «tintes», como unas amarillo/doradas que mejoran la visión con poca luz (anocheciendo).
Las bombillas halógenas permiten más potencia y por tanto más y mejor luz, pero también gastan más corriente y se calientan más. La instalación eléctrica y la óptica del faro tienen que estar preparadas para no tener problemas, y eso lo sabes por el tipo de casquillo: o es de halógena o no. Es posible encontrar bombillas «trampa» con casquillo de no halógena pero lámpara que sí lo es: si la montas sin pasarte mucho en potencia (de 35 a 50 W como mucho), no habrá problema, verás mejor y te verán antes, las dos cosas muy importantes.